Empieza el año conduciendo

¿Te apetece cambiar tus hábitos de vida para el próximo año? Pues empieza por volver a conducir. Si lo has ido dejando en los últimos años porque quizás no necesitabas el coche o no podías permitírtelo es posible que ahora te sientas algo inseguro o insegura a la hora de volver a tomar el volante. Pero seguro que en unos días te sentirás como si no lo hubieras dejado nunca.

Escoge el vehículo que quieres conducir, por ejemplo un bonito ford de ocasion y una vez que lo compres siéntate al volante e imagínate conduciéndolo. Pero si no te sientes con ánimo para sacarlo a la calle no te agobies. Quizás lo mejor es que acudas a una autoescuela y contrates algunas prácticas.

Es normal que cuando tienes que coger el coche tras un tiempo tu pareja o algún amigo se ofrezca para acompañarte a algún lugar tranquilo para que hagas prácticas. Pero esto raramente es una buena idea. Incluso si se trata de una persona tranquila que te transmite ese equilibrio no tiene por qué ser un buen profesor.

En la mayoría de los casos es preferible que quién te enseña sea alguien con quién no haya ningún vínculo, porque todo será más sencillo, habrá menos posibilidades de perder los nervios y, además, tendrás la tranquilidad de que quién está sentado en el puesto de copiloto tiene los pedales para coger el control si algo va mal.

Normalmente, tras tres o cuatro prácticas, todo el mundo se siente preparado para empezar a coger el coche, aunque no te debes de preocupar si necesitas un poco más de tiempo. Cada uno tiene sus ritmos y no es necesario compararse con nadie. Cuando sientas que tienes la seguridad para coger el coche será el momento de empezar a conducirlo.

En los primeros paseos puedes ir acompañado de alguien que sea tranquilo y que tenga paciencia, pero a veces es incluso mejor ir solo y así no se tendrá la presión de qué estará pensando la persona que está al lado o, lo que es peor, que te estén corrigiendo todo el rato haciendo que te sientas más inseguro todavía.

Comienza con rutas cortas y que conozcas bien, mejor a horas que no haya mucho tráfico. Poco a poco te irás relajando y comenzarás a conducir con más soltura y con mayor seguridad. Y, ¿quién sabe? Tal vez esta Semana Santa ya seas tú quién lleve el coche para irse unos días de vacaciones.

La crisis llega cuando menos te lo esperas

Alfredo es un buen amigo desde que estudiamos juntos en la Universidad. Es curioso como  formábamos parte del mismo grupo de amigos en aquellos años, pero no teníamos una relación especialmente estrecha, tal vez por la diferencia de caracteres. Pero las vicisitudes de la vida nos llevaron a relacionarnos mucho más cuando terminó aquella época de estudiante. Poco a poco, todos se fueron marchando y solo quedamos dos o tres amigos en la ciudad, así terminamos quedando y saliendo juntos de fiesta. Y nos conocimos mejor.

El chaval proviene de una familia bastante pudiente, con varias propiedades inmobiliarias y siempre se comportó de una forma un tanto altiva. Es una cosa que me molestaba mucho al principio. Luego le fui conociendo y al final me acostumbré. Todos tenemos cosas que no gustan a los demás, pero tampoco es cuestión de ponernos súper exigentes con todo el mundo…

Montó su empresa, se compró un cochazo, se fue a vivir al piso en frente de la playa de unos tíos… Todo le iba bien. Incluso en los años de crisis en el que casi todo el mundo lo pasó mal, el salió a flote. Pero hace un par de años la cosa se le empezó a torcer. Lo primero: tuvo que vender el coche y comprar un focus de segunda mano. Al parecer a la familia tampoco le iba mucho mejor y no le podían echar una mano como antes.

Hace unos meses estuve en su casa y me sorprendió cuando me dijo que iba a alquilar una de las dos habitaciones de su casa, que andaba más que pelado. La verdad es que me dio un poco de pena, pero él se lo tomó con bastante filosofía. Vivió muy bien en la época de vacas gordas, pero está sabiendo adaptarse a su propia fase de vacas flacas.

Eso es lo que me gusta de Alfredo y que me ha sorprendido para bien. Esperaba que después de tantos años de vivir cómodamente, se ahogaría en un vaso de agua ahora que su empresa va peor. Pero no, me llevó a dar una vuelta en su focus de segunda mano y yo le dije que le invitaba a cenar, cosa que nunca pensé que llegaría a hacer… Y él aceptó con una sonrisa sincera.