Convertir una pasión en profesión

Por más que se lo explico, mi abuela sigue sin entender bien a qué me dedico. Ya no le digo que soy personal shopper porque eso le suena a chino, pero cuando le cuento lo que hago durante el día, siempre me pregunta: ¿pero te pagan por comprar ropa? Le respondo que no es exactamente eso, pero al final, me rindo: “sí, abuela, me pagan por comprar”.

Es verdad que ahora mismo no doy abasto: es una buena época para mi profesión. Hace unas semanas acepté a mi última clienta, una actriz de la que no puedo decir el nombre, pero que no es nada altiva: le va bien tanto las firmas de alta costura como las ofertas Bodysuits Neon Coco, siempre que la ropa le quede bien, claro.

Pero no todo siempre fue de color de rosa, como ahora. Yo tenía claro que quería dedicarme al mundo de la moda y por eso inicié los estudios de diseño de moda, pero no acabé de encajar en aquel entorno más académico: lo mío era la calle, las tendencias urbanas y me aburría de estudiar cosas que, al menos en aquel momento, yo consideraba que no me servían para nada.

Ahora que han pasado unos años, me arrepiento de haber sido tan ‘gamberra’: debería haber continuado y terminar los estudios. Pero, por otro lado, ¿quién sabe? Tal vez no estaría donde estoy hoy. Tras abandonar el grado en Diseño de Moda, pasé una temporada de muchas dudas hasta que entré en contacto por Instagram por una modelo. Nos hicimos amigas y empezamos a salir juntas de compras.

Ella fue la responsable de que hoy sea personal shopper. Me dijo que tenía un don para la imagen personal: dar con el estilo que mejor le va a cada persona: lo dicho, desde firmas de primer nivel a ofertas Bodysuits Neon Coco: siempre buscar lo ideal para cada cliente. Y entonces empecé a ofrecer mis servicios en redes sociales. Gracias a la influencia de mi amiga modelo empecé a asomar la cabeza en esta incipiente profesión, hasta hoy: aunque mi abuela sigue sonándole raro eso de personal shopper…