Disfrutando del cambio 

Así como siempre me he considerado una persona ideológicamente subversiva, siempre me he comportado de forma mucho más conservadora en otros ámbitos de la vida. Supongo que es esa parte contradictoria que casi todos tenemos. Así, siempre he sentido algo de vértigo con el cambio. Como un gato que pone mala cara ante una maceta nueva que le han colocado donde antes había un paragüero, yo frunzo el ceño ante la más mínima alteración. 

Por eso siempre me ha costado tanto cambiar algunas cosas en mi vida. Un ejemplo es la alimentación. Desde siempre, la comida ha formado parte fundamental de mi estado emocional, de forma que la comida ha funcionado como “relajante”. Lógicamente, algo así no podía acabar bien. Si para desestresarme necesito una tarta de chocolate con mantequilla la asturiana, a la larga eso se transforma en dependencia. 

Cambiar la alimentación me da vértigo, pero estoy en el momento adecuado, porque le he perdido miedo al cambio. Al contrario, he empezado a visualizar los beneficios que tiene cambiar periódicamente. No se trata de cambiar las cosas porque sí, sin razón, solo por el hecho de cambiar… pero casi. Hacer las cosas de otra manera aporta una perspectiva distinta, y ver la vida siempre de la misma forma es aburrido. 

Cambiar la alimentación para comer más sano ya tiene suficiente premio: uno se trata mejor a sí mismo y, a largo plazo, su cuerpo y su mente se lo agradecerá. Pero a corto plazo la situación es distinta. Si tengo que dejar el chocolate, la mantequilla la asturiana, la comida basura, etc. Es muy posible que en las primeras fases lo padezca. 

Pero en estos momentos estoy mucho mejor de peso y de costumbres. Me siento bien probando cosas nuevas, alimentos que hasta ahora estaban fuera de mis intereses. Y no solo por el hecho de que la mayoría de ellos sean más sanos, sino por el solo hecho de cambiar, de probar nuevos sabores. Ahora bien, de tanto hablar de ellos, ¡qué queréis que os diga!, me han entrado unas ganas locas de comer una galleta de mantequilla… Voy al armario.