Fin de semana de viaje

Mi mujer y yo siempre hemos sido grandes viajeros, pero en los últimos años hemos bajado revoluciones: con un niño los viajes cambian. Recuerdo hace unos años bajando al río Colorado en el Gran Cañón que vimos a una pareja que llevaban a su niña pequeña por el mismo camino que estábamos usando nosotros: nos pareció inaudito porque se trata de un camino con cierto peligro pero también admiramos la capacidad de aquellos padres para seguir haciendo lo que les gustaba aun con un niño pequeño. 

En nuestro caso, antes de ir al Gran Cañón hemos preferido pasar un fin de semana en Toledo que tampoco está tan mal. Decidimos alquilar un apartamento en vez de ir de hotel, como solíamos hacer cuando estábamos solos, porque así íbamos a tener más espacio. Y acertamos. El apartamento estaba bien situado y era cómodo. Uno de los miedos que teníamos era con la temperatura, porque daban mucho frío para Toledo durante ese fin de semana pero la casa tenía estufas de butano baratas pero muy eficientes.

La verdad es que con el frío yo tengo un problema desde hace años. Aunque vengo del norte no sé qué le ha pasado a mi piel (si es que es ahora más fina o algo) pero el caso es que siempre tengo frío. Yo creo que el niño resiste mejor que yo. Hace un tiempo estuvimos de viaje en el norte de Italia. Decidimos ahorrar costes ya que íbamos sin niño y fuimos a hoteles y apartamentos baratos. En el norte de Italia puede llegar a hacer mucho frío y si esa casa no tiene calefacción… ni te cuento. 

Cerca de Milán estuvimos en un apartamento horrible que no tenía ni siquiera estufas de butano baratas: nos morimos de frío. Así que ahora, antes de jugármela, sobre todo si vamos con el niño, me aseguro de que la calefacción es la adecuada. En el apartamento de Toledo todo estaba como tenía que estar. Los pasamos bien, el niño jugó mucho, salió de casa y nadie pasó frío. Ya estamos preparados para el Gran Cañón… dentro de unos años.