La pastelería de los más golosos

A veces me pregunto en qué momento empezó mi afición por lo dulce, cuándo mis padres me dieron a probar el primer trozo de chocolate, tarta o algo similar y qué sucedería en mi cuerpo y/o en mi cerebro. Y no es verdad esa frase de que a nadie le amarga un dulce, aunque generalmente no se use en sentido literal. Conozco bastantes personas que no disfrutan mucho de comer pasteles o dulces, ni los prueban o los comen y ya está, pero desde luego no padecen esta especie de éxtasis de los golosos.

Para mi ‘desgracia’ existe una pastelería en mi barrio que hace las mejores tartas que he probado. Da igual lo que te lleves a casa: de queso, sacher, de manzana, de chocolate blanco y mango, San Marcos, de almendra… —he probado muchas—,  todas las tartas de esa pastelería están buenas. Alguna vez me pregunté dónde está la clave de que todas las tartas de esa pastelería estén bien: si será el chocolate, si será la manera de cocinar nata, si será algún aditivo de estos químicos que echan para engatusar al comensal… Todo es posible, pero el caso es que son unos genios de las tartas.

Así es que un día traté de hacerme amigo de una de las dependientas, a ver si me podía dar algo de información. Al principio no quiso soltar prenda, dijo que no podían revelar ningún secreto por aquello del espionaje repostero, pero luego, poco a poco, se fue ablandando. Y aunque no me dio ninguna receta sí que pude interpretar alguna cosilla.

Efectivamente, el chocolate era una de las claves en el tipo de tartas que llevan este ingrediente, que son bastantes. Todo el mundo coincide en que el chocolate de esa pastelería tiene un sabor especial. Y también está el modo en el hacen para cocinar nata. Ahora bien, me garantizó que no utilizaban ninguna sustancia química para extasiar de forma artificial al personal. Mucho mimo, mucha experiencia y los mejores ingredientes. O sea, que de momento sigo sin saber el truco. Me contentaré con seguir disfrutando de sus tartas mientras averiguo más datos.