Libros que salvan vidas

La muerte es un tema tabú según en qué circunstancias. Cuando me enteré de que tenía cáncer se me vino el mundo abajo, no quería saber nada de la enfermedad ni del tratamiento: quise hacer como si no pasara nada… pero pasaba mucho. Siempre había visto a esas personas que se toman esta enfermedad con tanta fortaleza y no entendía cómo eran capaces de hacerlo. Pero yo pensaba que nunca me tocaría a mí, así que no le daba más importancia. Pero me tocó.

Tras unas semanas de verdadera depresión, con ayuda de la familia, conseguí ir reponiéndome. Un día me miré en el espejo y dije: “tengo cancer hepatico”. Fue como un nuevo comienzo, como el instante en el que decidí que yo también podía luchar contra la enfermedad, como todos esos famosos que salen por la televisión. Pero no fue tan sencillo.

Me gustaría decir que, una vez que asumí mi enfermedad, empecé a sentirme mejor, pero no sería del todo cierto. No sé muy bien por qué un tiempo después, y cuando ya estaba con el tratamiento, volví a caer en depresión. No había nada que me animase: ni hablar con otras personas afectadas con la enfermedad, ni el apoyo de la familia ni las palabras de los médicos. Nada.

Entonces descubrí de casualidad un libro en una biblioteca: Las intermitencias de la muerte, de Saramago. No soy un gran lector y, de hecho, nunca había leído nada de Saramago, pero me llamó la atención el título y la frase inicial del libro: “Al día siguiente no murió nadie”. Me hizo pensar, por fin, en la muerte, un tema que había dejado aparcado desde el principio, como si no existiera, como si no me tuviera que enfrentar a ella.

Este libro me cambió totalmente. Aunque no tiene nada que ver con él cancer hepatico que yo padezco si trata temas que están muy en consonancia con mi situación. Me ha hecho enfrentarme a la posibilidad de morir de cara… Espero que la muerte, si llega, sea ‘tan guapa’ como lo es en ese libro.