¿Pereza o falta de tiempo?

Echo un vistazo a la casa y solo veo cosas pendientes. Pero no me pongo con ellas. Y todo por un supuesto orden de prioridades. Lo primero es dormir y trabajar que se lleva un tercio del día. Luego está la familia, hay que comer y cosas de ese tipo. Al final, no me quedó mucho tiempo libre para poner una bombilla. Cualquiera diría que poner una bombilla lleva cinco minutos. Entonces es pereza, ¿no?

Un 30% de las bombillas de casa están fundidas. Es un clásico allá donde vivo. Siempre se funden las bombillas y tardo meses en sustituirlas. Recuerdo que en la primera casa que viví con mi actual mujer, estuvimos más de un año sin luz artificial en el dormitorio. Por el día se veía bien a través de las mosquiteras baratas de la ventana. Y por la noche, ¿para qué se necesita luz en el dormitorio? Pues eso.

Y es que lo de las bombillas ya no es como antes: hay decenas de tipos. Es como las que tengo ahora en la mitad de esta casa. Son bombillas pequeñas que se funden rapidísimo. En el pasillo hay tres focos de este tipo: dos están fundidos. La luz del techo de mi despacho debe tener dos bombillas: las dos fundidas. Me recuerda al dormitorio de mi primera casa porque también hay mosquiteras baratas en las ventanas y no tengo luz artificial. Aunque, en este caso, tengo una lámpara de mesa… porque si no, de noche, tendría que trabajar a oscuras. Y no es lo mismo dormir que trabajar.

También le podría decir a mi mujer que se encargara ella de las bombillas pero, por alguna razón que ya no recuerdo, al parecer en el reparto de tareas del principio de los tiempos a mí me cayó lo de la iluminación. Y así nos va: en el baño solo resiste una luz sin fundir. En cuanto esa se termine a ducharse a oscuras porque es un baño sin mosquitera ni ventana… Así que sí, hay bastante falta de tiempo y mucha pereza.