Una vida sin 

A todo se acostumbra uno, a vivir sin lactosa también. Cuando me certificaron que era intolerante a la lactosa, no me sorprendí demasiado puesto que ya imaginaba algo así. Desde bien jovencito tuve digestiones bastante pesadas y sospechaba que tenía algún problema. Al principio pensé que era algo más grave pero luego, con el avance en la detección de intolerancias alimentarias, supuse que por ahí debían ir los tiros. 

Lo que al principio tampoco sospechaba era que se pudiera tratar de la leche. Crecí en una familia amante de la leche y sus derivados. La tradición en mi tierra es tomar mucha leche, queso, yogur, mantequilla, etc. porque tradicionalmente en las casas se consumía lo que había disponible en el entorno, lo que también se llama ahora alimentos de temporada. Y como teníamos muchas vacas por la zona, la leche siempre estaba ahí. 

Por aquellos tiempos nadie se imaginaba que más tarde se iban a vender productos como leche desnatada sin lactosa. Seguro que se preguntarían algo así: ¿Leche sin lactosa? ¿Qué es eso? ¿Leche sin leche? Pero los tiempos cambian y de cara a la seguridad y la información en relación a lo que comemos queremos creer que cambian para mejor. Si yo aún viviese en aquellos tiempos y tuviese estos problemas con la leche lo pasaría realmente mal. Por suerte, puedo seguir disfrutando del placer de la leche sin poner en dificultades a mi organismo. 

Pero no se trata sólo de consumir leche desnatada sin lactosa. Actualmente, las firmas vinculadas a la industria láctea se han puesto las pilas y trabajan en ofrecer todo tipo de derivados lácteos sin lactosa. Es el caso de los helados, algo que me ha llamado mucho la atención últimamente y que una persona como yo no puede por menos que celebrar: me encantan los helados, pero desde hacía bastante tiempo los había aparcado de mi alimentación justamente por el problema de la lactosa.

Así que, aunque sea como una ‘traición’ a mis antepasados amantes de los lácteos puros, yo he tenido que adaptarme a las circunstancias de mi organismo y acostumbrarme a una vida ‘sin’.